Hace unos Lustros que la internet no me va. disculpas.
Mientras tanto esta animación no está mal.
domingo 2 de noviembre de 2008
viernes 24 de octubre de 2008
Perogrullo y otros doctores de la Iglesia
Lo que se aprende en el Vaticano: “Atenas, 09.septiembre.- La Policía griega detuvo al ex embajador japonés en el Vaticano y a su esposa por el presunto asesinato de la hija de ambos, ocurrida en la isla de Evia. La pareja negó los cargos y alegó que la joven se había suicidado. El forense certificó que el cadáver presentaba signos de estrangulamiento y marcas en las muñecas hechas después de la muerte”.
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Cátedra Perogrullo I: Comentando la mayor morbilidad en los pobres y en los desocupados, dice un psicólogo erudito que “cuando alguien queda aislado de un contexto social, somatiza los problemas sociales”. Lo que no dice es si eso es bueno o malo, si para el individuo o para la sociedad. Es decir, que abunda en lo obvio y se deja fuera del tintero lo sustancial.
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Cátedra Perogrullo II: “El cannabis aísla y su efecto sedante tampoco favorece las relaciones sexuales… los porros provocan pérdida de memoria, tristeza y dificultad para concentrarse”. Los experimentos llevados a cabo en mis excelentemente provistos laboratorios personales aportan un sinfín de evidencias que demuestran lo contrario.
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“A Dios lo que es de Dios / Y al César lo que es del César” / Y para el Hombre,/ ¿qué queda?
Anónimo (París, siglo XXI)
El Papa-en-enaguas y Sarkozy-en-calzas se abrazan en París y deciden que haiga dinero para el Estado y monises para la Iglesia. Doble imposición. Tan preocupados que están los gobiernos firmando convenios bilaterales para evitar a sus empresas transnacionales la doble imposición y se les escapa el tributo duplicado que exige el “nuevo laicismo”...
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Habrá –o no- una “crisis financiera” y ésta se derramará –o no- sobre la “economía real”. Pero es difícil que afecte seriamente a la economía industrial para empezar porque las corporaciones manufactureras se autofinancian en buena parte. Por ello, estoy tentado de exagerar un poco y, en consecuencia, asegurar que solamente cuando no se producen objetos es cuando se puede hablar de crisis.
Esto es ampararse en la más clásica de las teorías económicas y reclamarse deudor de los fisiócratas o aquellos, con Quesnay a la cabeza, que cifraban toda la riqueza en la tierra –posición lógica en sociedades agrarias-. En las sociedades industriales, es la manufactura la que ocupa el antiguo lugar de la tierra mientras que ésta se mantiene como valor pero pasa a ocupar un lugar secundario, no porque produzca menos –en último extremo, todo sale de la tierra, sean tomates sean aluminios u ondas hertzianas- sino porque los Estados se han apropiado de su valor y lo han congelado.
En cualquier caso, nunca podrá haber una crisis financiera pura y planetaria puesto que el dinero ni se crea ni se destruye, solamente cambia de bolsillo; pasea sin descanso de una faltriquera a otra y pasa sus vacaciones en las cajas fuertes.
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En la narrativa histórica, una imagen es un detalle, ¿de acuerdo? Pues bien, los mismos adocenados a los que se les llenan la boca y el cerebelo dictaminando que “una imagen vale más que mil palabras” –una trivialidad indemostrable puesto que su retruécano, “una palabra vale más que mil imágenes”, es igualmente banal-, suelen olvidarse de los “pequeños detalles” que iluminan los acontecimientos.
Pequeños detalles no siempre publicados en los grandes media o, en el mejor de los casos, publicados pero perdidos en la avalancha de datos tan puntuales como irrelevantes y de opiniones a cual más arbitraria u ordenancista. Hemos señalado algunos: en el poste del 14 de septiembre, comentando la matanza de Pando-Porvenir (Amazonía boliviana), destacábamos que duró siete horas y, en el poste del 02 de octubre, nos fijábamos en que los verdugos franquistas apuntaron a la cara de los últimos fusilados.
Todo aquel que tenga alguna familiaridad con esta bitácora habrá notado que, de vez en cuando, hemos aludido al “mayo 68 mexicano” [ver poste 27 abril et passim], proceso que, como quizá no sea bien recordado, culminó el 2 de octubre con la matanza de Tlatelolco. Pues bien, hoy añadimos otra petite histoire: en Tlatelolco, la carnicería duró unas seis horas. En las primeras dos horas y media, se dispararon 70.000 balas –ergo, no todos los soldados dispararon a matar-.
Item más, en la mañana del 3 de octubre, Tlatelolco estaba completamente limpio; no hubo testigos y el gobierno mexicano declaró no saber nada de la matanza. Los cuerpos de 400 o 500 estudiantes habían sido cargados en camiones y, convenientemente lastrados, vertidos en el golfo de México
Este “pequeño detalle”, no sólo corrobora que la matanza fue absolutamente premeditada –extremo tan obvio como archidemostrado-, sino que ilustra sobre el grado de crueldad al que llegaron los jerifaltes mexicanos empezando por su tlatoani.
Y la necesaria propina anticlerical: los curas de Santiago Tlatelolco, cerraron su iglesia para que los estudiantes no pudieran refugiarse en ella. Para que luego hablen del “acogerse a sagrado”.
[Por favor, créame: Lo menos malo de este poste eran las otras flamboyantísimas ilustraciones que lo acompañaban. Pero “el sistema”, vulgo Blogger, no me deja colgarlas.]
lunes 20 de octubre de 2008
Banquete de blancos y merienda de negros
No conviene que el ciudadano se encasquille en un solo tema, así sea éste el colosal atraco que el Estado-Banca está perpetrando actualmente sobre las arcas públicas. Pero tampoco conviene que se olvide porque la crueldad de ese Ser Maligno es mucha y, antes o después, la sufriremos de alguna forma inédita. Empantanados en la tremebunda tesitura de seguir con el Gran Golpe pero sin mencionarlo, sólo nos queda el recurso de estudiar cómo actúa en la remota periferia, allá donde no hay caminos pero donde mejor se puede observar el trato que el Estado-Banca reserva para los díscolos. Hoy, el mejor ejemplo de lo que significa una conspiración mundial contra un minúsculo enemigo es Zimbabwe.
A diario nos machacan con la cantinela de que Zimbabwe está en manos de un déspota comunista que ha conseguido transformar el otrora “granero de África” en un erial donde la gente se muere de hambre –si el sida no les alcanza antes, como suele suceder-. Los datos aducidos parecen incontrovertibles: hace dos años, la inflación llegó al 1.000% y ahora está en 14 millones por ciento, cifra irreal puesto que, en el mercado negro, el dólar gringo cotizaba (en junio) a 16.000 millones de sus homólogos zimbabuenses –hoy puede estar al quíntuple o más-. El gobierno le quitó 10 ceros a su moneda pero, aún así, las calculadoras no aguantan el ritmo inflacionario. Después de la reforma agraria del año 2.000 que consistió en expropiar a los blancos 4.300 fincas, la productividad ha caído al 10% de la conseguida en 1.990. El PIB per capita, se ha desmoronado desde los 332 US$ de hace cuatro años a los 54 actuales. La esperanza de vida se sitúa en los 35 años -60, hace tres décadas-.
Los media oksidentales achacan esta delirante catástrofe al empecinamiento de Robert Mugabe para mantenerse en el poder, pese a sus 84 años –y, por una vez, pueden tener algo de razón, poca pero algo-. Como addenda histórica, acuden al desastre que, al parecer, supuso la expropiación de los colonos anglos. Para quien suscribe, es en esta ultima ratio donde realmente puede estar la explicación del Golpe oksidental contra Zimbabwe –un micro-putsch dentro del Gran Golpe mundial-. En efecto, la venganza de la Madre Patria inglesa es fría y concienzuda. Propia de la serpiente, podríamos añadir si creyéramos en la calculada frialdad de las infelices culebras pero, como no creemos ni siquiera en la Naturaleza, mejor diríamos que es una venganza inglesa –que no tiene tanta fama como las venganzas siciliana o toledana pero sí más ejemplos-.
Ahora bien, como venimos sosteniendo en este blog, los lodos de hoy tienen siempre su origen en los barros de antaño. Nada de lo que hoy ocurre en Zimbabwe puede desligarse de su Historia que, en este caso, es la habitual en el África: un país inviable, dibujado en el Londres victoriano –y victorioso- por un equipo de cultísimos desalmados que se despepitaban por atender las órdenes de Cecil Rhodes, uno de los hombres más nefastos que pisaron –pisotearon- el África. Por mor de espacio, de la biografía de este paradigma del racismo imperialista, vamos a mencionar sólo unos cuantos pormenores acompañados de una breve digresión sobre el scoutismo:
Después de hacer una fortuna con el contrabando de diamantes a través de la empresa De Beers –que, esclavitud mediante, todavía detenta el 40% del comercio de esos pedruscos-, a sus 35 añitos, en 1888, Rhodes firma un tratado a Lobengula, cacique de los Matabele, por el cual se adueña de lo que luego fue Rhodesia y, ahora, Zambia y Zimbabwe. La historia oficial nos cuenta que el borrador del documento ordenaba que nunca hubiera más de diez ingleses en aquellas tierras pero que, en el documento final, esa cláusula fue suprimida sin que Lobengula se percatara. El sentido común nos dicta que la verdadera historia debió ser otra: el cacique indígena firmó el borrador pero el documento que llegó a El Cabo y a Londres fue el que Rhodes pergeñó muy probablemente falsificando la firma de Lobengula. El resto de la anécdota es no menos previsible: el “borrador” debió ser incautado e inmediatamente quemado por las tropas inglesas mientras que en las metrópolis recibieron un papelito autorizándoles el expolio. Por supuesto que, vista la inverosimilitud de aquellos títulos, ningún funcionario creyó nunca en su autenticidad ni en su veracidad, menos aún en la legitimidad de esos “tratados” con indígenas, pero dándoles curso legal satisfacían sus remilgos burocráticos, algunos (pocos) aplacaban su mala conciencia y, de paso, todos alimentaban el mito de la ignorancia de los colonizados.
Dos años después, repite el truco con Lewanika, cacique de los Barotse, y con los Kazembe. Insatisfecho con las dimensiones de su imperio particular, prosigue las matanzas de indígenas. Sus ambiciones le llevan muy al norte, hasta la provincia congoleña de Katanga, pero allí choca con un imperialista todavía más pillo que él: Leopoldo II, rey de Bélgica. Cuando los esbirros de Rhodes intentan hacerle firmar al cacique Msiri el consabido papelucho, los esbirros belgas secuestran al katangués, le asesinan y, después, le hacen firmar el correspondiente tratado. El orden cronológico puede parecer un poco confuso pero tiene su explicación: Leopoldo era un imperialista científico que multiplicaba sus posesiones apoyándose en la regla aritmética de que “el orden los factores no altera el producto”.
Entre 1893 y 1897, tras cinco años de tiranía rhodesiana, los Matabele y los Shona se rebelan. Y aquí entra la anunciada digresión. Poco antes de terminar la guerra, Rhodes recibe la ayuda de un comandante inglés que, con el tiempo, quizá causaría más daño a la Humanidad que el propio Rhodes: Baden-Powell, futuro creador de esa lacra militarista que el scoutismo o escultismo. Más aún, se dice que Baden-Powell se encontró en esta campaña con un gringo que le instruyó sobre las tácticas empleadas en la Conquista del Oeste americano, triquiñuelas que, adaptadas someramente a la infancia de Oksidente, conformaron la doctrina scoutista. ¿Hay manera de confirmar este dato?: no, así que debemos entenderlo como una travesura gringa encaminada a menoscabar la inventiva de su Madre Patria. No seré yo quien se inmiscuya en las rencillas entre los imperialismos británico y gringo –salvo si pudiera enemistarles para que se entremataran- pero, desde luego, es plausible suponer que el scoutismo nace de la destruyción de los pieles rojas y de los indígenas sudafricanos –y de todos los indígenas que estaban siendo exterminados en aquellos años-. Si el adiestramiento militar de un boy-scout no es corrupción de menores pura y dura, entonces y desde sus orígenes, es algo peor: preparación para el genocidio.
Volviendo a Zimbabwe, una vez los indígenas son aplastados militarmente, Rhodes se permite el lujo de crear una leyenda pro domo sua: que avanzó desarmado hasta el campo enemigo y así, desnudo, convenció a los niggers –así les llamaba- para que se rindieran. ¿Existe alguien en el planeta lo suficientemente estúpido como para creer en las batallitas africanas de un racista hasta los tuétanos, megamillonario por más señas? -pues, por increíble que parezca, los hay-.
De Rhodes, podemos saltar cronológicamente hasta Ian Smith, el aviador, el héroe de la IIWW, el colono que declaró la “independencia unilateral” de Rhodesia (año 1965) arriesgándose al ostracismo de su Madre Patria. Eso es lo que nos han contado. Dejando al margen los heroísmos bélicos que ya sabemos a lo que se reducen en cuanto se mira la letra pequeña, la verdad es otra: en realidad, no hubo tal ostracismo sino un boicot sobre el papel para apaciguar la comezón causada por la mala conciencia oksidental mediante el socorrido trámite de las grageas de papel membreteado. En el latifundio rhodesiano o paraíso de la blanquitud regido por Smith & Co., un 5% de la población se adueñó del 50% de la tierra y del 90% del voto. Y duraron así 14 años hasta que las guerrillas de Mugabe consiguieron una independencia más aproximada a la realidad de la palabra. Si por el ostracismo hubiera sido, Zimbabwe todavía se llamaría Rhodesia del Sur.
El boicot propuesto por el laborista Harold Wilson no pasó del papel por dos razones: a) porque los laboristas, como buenos socialdemócratas, son así, adictos a las grageas de papel y a los negocios de verdad; b) porque los poderes fácticos eran –son- tan racistas como Smith.
Entre esos poderes fácticos, el primero es, naturalmente, la Corona. Del afecto que la hoy noble ancianita Queen Elizabeth profesaba por Smith da cuenta una anécdota: en su calidad de parlamentario por una circunscripción de la Commonwealth, Smith fue invitado ex officio a los funerales por Winston Churchill (1965) pero el premier Wilson se olvidó de enviarle la invitación para que asistiera al banquete ofrecido por la reina. Un fallo, seguro que de alguna secretaria, que H.M. The Queen se encargó personalmente de subsanar enviando a un propio para que trajera al “colono sublevado”.
El segundo poder fáctico es el ejército. Cuando Smith se rebeló, el gobierno británico envió tropas a la vecina Zambia quién sabe con qué intenciones. Pues bien, los generales expedicionarios se plantaron ante Wilson y se negaron a actuar contra sus colegas los rodesianos blancos. Item más, el premier se entrevistó en dos ocasiones con Smith, siempre a bordo de navíos de guerra; pues bien, Smith fue invitado a comer con los almirantes mientras que Wilson era ninguneado.
El tercer poder fáctico fue el gobierno de Margaret Thatcher. Nada más llegar al poder, esta señorona quiso levantar las sanciones a Smith pero se arrugó en una conferencia de la Commonwealth celebrada en Lusaka ante la oposición de Nigeria y de Australia. O sea, que, ante algunas caras de perro, la Dama de Hierro se convertía en la Señorita de Aluminio.
Finalmente, ante el avance de las guerrillas de Mugabe, Smith se vió obligado a convocar elecciones de verdad –es decir, negros incluidos- y Mugabe arrasó como estaba cantado porque la población se situaba entonces en menos de 250.000 blancos contra más de siete millones de negros. Fiel a su alma racista y marrullera, Smith quiso darse un autogolpe de estado pero el general Walls le disuadió con el irrebatible argumento de que no podía responder por la lealtad de los soldados negros. Comenzaba la era Mugabe.
Nada ocurrió durante los primeros años de gobierno de los llamados niggers. Los blancos no sufrieron ninguna represalia pese a sus continuas y no tan secretas conspiraciones con los racistas sudafricanos. De la paciencia de Mugabe puede dar fe que el genocida Smith no sólo no fue ejecutado al llegar la Independencia sino que fue diputado durante siete años más. Incluso después de dejar la poltrona siguió residiendo en Zimbabwe… hasta que emigró tranquilamente a Sudáfrica donde murió a los 88 años (20.XI.2007) sin jamás haber pedido perdón por el genocidio del pueblo zimbabués.
Pero lo que fue una coexistencia pacífica entre las dos razas comenzó a torcerse a partir de 1990, año en el que terminaba el plazo que los acuerdos de la Independencia habían señalado para la entrega de los mayores latifundios en poder de los blancos –la propiedad blanca de las pequeñas fincas nunca estuvo amenazada ni siquiera discutida-. La paciencia de Mugabe volvió a mantenerse durante otros diez años hasta que, en el 2000, su propio pueblo se la acabó. Y ahí comenzó su satanización por parte de la propaganda oksidental.
En el año 2000 –repetimos, diez años después de la fecha límite-, hartos de esperar, los ex guerrilleros ocuparon los latifundios de los colonos. Varios de éstos, dispararon por lo que hubo bastantes más muertos en el lado negro (35) que en el blanco pero los media oksidentales sólo recogieron las víctimas blancas –aproximadamente, media docena pero suficiente para crear la imagen de un genocidio de colonos-. A un supuesto cabecilla de los ocupantes le pusieron el mote de “Hitler” –por cierto, murió al año siguiente en “extrañas circunstancias”-; para desprestigiar al ejército zimbabués, se inventaron unos asesores norcoreanos, todopoderosos y de crueldad refinada como corresponde a todo amarillo; se exacerbaron las (reales) divergencias entre Ndebele y Shona, las principales etnias del país; y, en resumen, se utilizó el habitual sinfín de trucos propagandísticos. Obviamente, nunca se dijo que Alec, el hijo de Ian Smith, siguió residiendo en Zimbabwe al frente de los colonos blancos o que Mugabe era –es- católico, abstemio y no fumador, unas “cualidades” que, para quien suscribe, están en la raíz de su ánimo dictatorial –que lo tiene, qué duda cabe-.
Y un último pormenor de cómo es la feroz dictadura de los negros zimbabueses: la tumba de Cecil Rhodes sigue intacta e impertérrita donde el tirano quiso que estuviera. Incluso está protegida dentro de un área protegida –el Matobo National Park-. Le acompañan otros cuantos de sus amigotes, no menos genocidas. Y, probablemente para añadir el agravio a la injuria, Rhodes quiso que sus huesos descansaran en el lugar donde se perpetró una de las mayores ignominias de las incontables que encabezó: en las cuevas de Matobo, un lugar sagrado porque sus rocas están tan peladas que sólo sirven para altar, se refugiaron durante la “segunda guerra Matabele” los aterrorizados indígenas. Quizá les animaba la secreta esperanza de que las ametralladoras de los blancos respetaran el santuario de Mlimo, su oráculo más aquilatado. Evidentemente, todavía no conocían a los invasores y lo peor es que no quedó nadie para informar a sus parientes de lo equivocadas que estaban aquellas ilusiones porque los ingleses les masacraron a todos, mujeres, niños y ancianos incluidos. No quedó nadie para contarlo.
Más aún, fue precisamente en esas cuevas de Matobo donde F.R. Burnham, el gringo que enseñó la filosofía del scoutismo a Baden-Powell, culminó la más acreditada de sus hazañas bélicas: en plenas negociaciones para la rendición de los refugiados, asesinó al interlocutor, el propio vicario de Mlimo, el principal sacerdote de los indígenas. Matar al que levante la bandera blanca: no cabe duda de que Burnham tenía bien aprendidas las lecciones de la Conquista del Oeste norteamericano.
Conclusión de este servidor de ustedes: Mugabe es hoy un anciano aquejado desde hace eones de demencia senil, dolencia propia de los autócratas aunque tengan 20 años. Haber expulsado a algunos colonos no es otro de sus pecados capitales pero sí dejarse enredar en las guerras inter-étnicas entre Shona y Ndebele. Cuando las diferencias étnicas –peligrosas en cualquier lugar pues todos somos etnocéntricos- degeneran en partidistas, tienen todavía peor arreglo y todo indica que Mugabe no sabe o no quiere intentar su apaciguamiento. Tampoco parece consciente de que la “Pérfida Albión” no le perdonará nunca la expulsión de los colonos y menos aún se percata del poder del Estado-Banca mundial, esa Santa Alianza que se ha merendado el Tesoro zimbabués. En cuanto a la opinión pública, no sabe no contesta, tan trastornada está con las otras tropelías de los estadistas-financieros.
Parafraseando aquello que cantaba el inmortal Bola de Nieve, diríamos que “negro que se hace invasor / con su pellejo paga / y lo que es mucho peor / otros negros se entrematan”.
martes 14 de octubre de 2008
El Gran Golpe explicado a los marcianos
“La banca española gana 22.400 millones de euros en los nueve primeros meses del año” (primera página de un diario español del lunes 13 de octubre) “El Estado ayudará a la banca española con 130.000 millones de euros” (primera página del día siguiente).
"Europa respalda el sistema financiero concediendo más de dos billones de euros a la banca, el Ibex (índice de la Bolsa española) registra la mayor subida de su historia, Wall Street sube un 11%, las bolsas aplauden, posible suscripción pública de acciones, Alemania aporta medio billón de euros para estabilizar los mercados, Francia destina 360.000 millones a sostener su sistema bancario; EEUU contrata despachos privados para ejecutar el plan de rescate" (titulares de otro diario español del mismo día 14 de octubre)
Un marciano que leyera la prensa terráquea, a la vista de estos titulares, sólo podría extraer una conclusión: estamos ante un Golpe de Estado-Banca o de Banca-Estado. Y hubiera añadido: en el planeta Tierra, el Estado y la Banca son lo mismo. Por si el marciano se estuviera desayunando en sus conocimientos terrológicos y quisiera mayores detalles de índole histórica, le podríamos confirmar que, en efecto es así, pero que ese matrimonio no es de hoy sino de muy antiguo puesto que la función primordial del Estado ha sido siempre la exacción tributaria mientras que la función bancaria –epítome del capitalismo- ha sido la misma pero desde la perspectiva empresarial.
De acuerdo, es un Golpe. Pero un Golpe, ¿contra quién? Si el marciano quisiera pormenores socio-políticos, le añadiríamos que el Golpe bancoestatal o estatobancario, ha sido dirigido contra los ciudadanos, ¿contra quién si no?. ¿Contra el medio ambiente?: a la media y a la larga, también. ¿Contra la industria?: desde luego, pero sólo en la medida en la que los hacedores de cosas no estuvieran de antemano controlados por los Bancos, que no es el caso. ¿Contra la industria agraria tal vez?: lo mismo le digo pero ahora con la salvedad de que los hacedores de alimentos (basura) no tienen ni por asomo la importancia que usté le podría dar; desde Marte quizá no lo vean bien porque es cosa de filigrana en miniatura pero, créame, resulta que los terrícolas no comemos comida sino piedras y automóviles –y viceversa-.
Otrosí, puesto que el Golpe sólo se está dando en el mundo rico, ¿podría pensar el marciano que va dirigido contra el mundo pobre? Pues sí y no. Mire, señor Marciano: por definición, el mundo rico domina al mundo pobre y lo domina tanto que no le deja tener dinero. Se lo ilustraré en términos raciales: los blancos –que de puro blanco a veces son amarillos-, no tienen confianza en que las élites de las demás razas sepan exprimir a sus conciudadanos -por mi parte particular, le confesaré que, a la luz de la experiencia histórica, esa desconfianza me parece infundada-. Por ello, todo el dinero de esas élites estaba en el mundo rico desde mucho antes que estallara el Golpe. En otras palabras, a las razas pobres ya las habían esquilmado. Por lo tanto, sólo cuando los golpistas decidan raspar la olla planetaria notará el Golpe el Tercer Mundo. Por ahora no hay problema porque tienen un tiempo para gozar del saqueo pastando en sus greens manicurados pero no le quepa duda de que repetirán la jugada; cuando se harten de golf, invadirán las canchas de guijarros.
-Si tan claro lo tiene, ¿porqué no me lo había contado antes? –dice el hombrecito verde-.
-Pues porque hasta hoy este ínfimo terrícola no sabía qué papel jugaban los colosales depósitos que China tiene en los EEUU y, menos, en Europa. Aunque ningún media los haya mencionado ni siquiera en nota a pie de página, esta pinceladita es crucial porque, como usté sabe, los chinos detentan todos los dólares –para eso son los únicos que hacen cosas, los demás juegan con trocitos de ese papel al que llaman “moneda”-. Por faltarme ese dato, servidor no sabía si -cuando todavía se llamaba “crisis”-, el Golpe era un atraco de los gringos a los chinos o al revés. Como los media no me ayudaban en nada y uno no tiene ganas ni tiempo para buscar esa clase de información en Internet, éste que suscribe se ceñía a los datos indirectos y el mejor de ellos era el desarrollo del chantaje a Irán.
Le explico, señor de las Mangas Verdes: los gringos están locos por matar y lo de robar viene después, sólo como un botín añadido -un fringe benefit dicen ellos-. Como buenos cristianos renacentistas, los moros son su presa más señalada así que Irán está en su punto de mira –por favor, no me moleste con su pedantería: ya sé que los iraníes no son árabes-. Pero resulta que Irán lo sabe y por eso se ha blindado firmando megacontratos con los chinos y hasta con los rusos. Los gringos han querido invadir la antigua Persia, qué duda cabe, pero los iraníes se han chivado a los amarillos y los chinos les han mostrado a los gringos su estado de cuentas y, claro, ante la perspectiva de que los depósitos en dólares huyeran al euro o de que Beijing quisiera cobrar una parte de la deuda bilateral, los gringos se la han tenido que envainar. Angustias del deudor: ¿quién les manda ser el país más endeudado del planeta?
Pero, en las últimas semanas, desde Irán no llegaba noticia alguna. No news are good news, podían aseverar los iraníes pero servidor no las tenía todas consigo porque las buenas inexistentes noticias podían deberse a muchos otros factores, no sólo a los depósitos chinos. En resumen, mejor me callaba: “en tiempos de desinformación, no hacer diagnósticos”, hubieran dicho los jesuitas que de economía distributiva no creo que sepan mucho pero de atesorar lo saben todo.
Hoy los golpistas se han quitado las caretas. Han provocado al personal, lo han aterrorizado y, ¡en sólo un mes!, le han ablandado para el Gran Golpe. El capital especulativo -¿hay otro?-, después de haber esquilmado los bolsillos privados, ahora ha conseguido esquilmar al Tesoro Público -quien, a su vez, ya había esquilmado buena parte del bolsillo del contribuyente-.
-¿Y los ciudadanos terrícolas se dejarán robar de una manera tan burda y tan inicua?; en Marte estas cosas no podrían pasar porque los marcianos somos gente instruida-.
-No, señor Marciano, el problema está precisamente en la instrucción. Aquí también somos gente instruida pero lo malo es que nos educan para creer, no para pensar. Por algo los terrícolas somos gente religiosa y por eso mismo somos terrófagos puros. Y lo peor es que estamos tan sumamente bien instruidos que, le repito, en sólo un mes de pedagogía barata estamos listos para dejar de ser listos.
Le voy a dar un solo ejemplo: atiborrados como estamos de potaje histórico, hasta el último terrícola sabe que la crisis del 2008 tiene un paralelo evidente en la crisis del 1929, cuando “los capitalistas se tiraban por las ventanas” –la anécdota es falsa porque se tiraron dos y con un par de granos no se hace un granero-. ¿Cuántos banqueros se han suicidado en estas fechas? Ninguno. Al contrario: los directivos gringos de un banco hundido han llorado su quiebra yéndose de cuchipanda a una isla tropical –coste para el contribuyente: US$ 500.000-. Por su parte, los 50 jefazos de Fortis, han deplorado la “nacionalización” de su banco cenando en Montecarlo por el módico precio de 3.000 euros por barba.
Y un detalle final, al parecer anecdótico, de la supuesta nacionalización: los tiburones de la especulación –también llamada “las finanzas”-, culpables dolosos o activos del “desastre”, son los mismos que van a manejar el dinero público. Por ejemplo: el guardián del Tesoro gringo, Paulson, fue presidente del banco Goldman-Sachs y, en consecuencia, ha encargado a Kashkari, un niñato testaferro suyo, el reparto del botín –US$ 700.000 millones- que Bush había conseguido desvalijarles a sus súbditos vía patriotismo gubernamental. Desde luego, estas cosas sólo pasan en la Tierra.
Para mayor escarnio, debe saber usté que, entre los propagandistas listos, los más listos ya están preparando el alka-seltzer contra la resaca ciudadana. No contentos con habernos convencido, contra toda evidencia, de que los banqueros son unos pobrecitos cuyo único pecado es que son un poquito tarambanas, ahora nos tranquilizan diseñándonos un futuro no sólo brillante sino hasta fluorescente: “Pero si los auxiliados piensan que cumplida su misión de socorrista el Estado les permitirá el retorno al business as usual comprobarán su error. Los electores no lo consentirían”, proclama hoy un plumilla democrático. Y yo le digo a usté y a todos los marcianos: si los banqueros llevan seis o siete siglos asaltándonos con las mismas armas, ¿van a cambiar en unos meses? ¿cómo podremos saber cuándo se han vuelto piadosos?. Además, ¿cómo vamos los súbditos a recuperar el dinero que nos ha succionado el Estado? ¿asaltando las oficinas de Hacienda? ¿cambiando de partido en el gobierno?: si en tres o cuatro míseras semanas nos han “capacitado” para el atraco del siglo, ¿qué no podrán hacernos en meses o años de campaña electoral?
Pero, señor Marciano, sepa usté que, además de estos pedagogos de un capitalismo con rostro humano, los hay de lo mismo pero en la extrema oposición. Dicho de otro modo, aquí hay terrícolas que son más marcianos que ustedes. Le cuento: es posible que usté no recuerde que, cuando se hundió esa paradoja llamada “socialismo de Estado” –vulgo “Rusia y países satélites”-, los marxistas se sintieron aludidos y hasta huérfanos. Pero pronto encontraron al único malo de la película: el neo-liberalismo. Hoy, saltan de alegría convencidos de que san Marx ha demostrado su infinita sabiduría -que no era inifnita pero sí considerable, como sabemos los marxianos no marxistas-. Según estos meninos carentes, eso que –una vez más, contra toda evidencia-, creen nacionalizaciones de bancos es la mejor prueba de que el socialismo ha triunfado cuando todos le daban por muerto y olvidado. Pobrecitos; debemos perdonarles: como son niños de la calle sólo tienen una cartilla escolar, vieja y manoseada. Señor de allende la Luna: ¿no podría usté conseguirles algún libro nuevo? O, mejor aún, ¿no podría usté llevárselos consigo? Aquí en la Tierra ya no dan más de sí mientras que a los niños marcianos quizá les sirvan de juguete. Además, ellos se sentirán felices: por fin conocerán el Planeta Rojo.
lunes 13 de octubre de 2008
Chinkultic: arqueología y sangre
Se considera oportuno mencionar algunas generalidades sobre la manufactura de los artefactos. Las técnicas empleadas para su obtención son básicamente: percusión, corte y desgaste.
Una vez más en el estado de Chiapas los gobiernos federal y estatal utilizan fuerzas policíacas contra la población civil. Las víctimas eran habitantes de dicha localidad, que decidió en asamblea administrar la zona arqueológica de Chinkultic.
Grupo de manos cortas. Son aquellas que por su tamaño solamente permiten ser manipuladas con una sola mano. Muestran huellas lineares de uso. Es muy probable que estas manos se emplearan con las piedras de moler de lados cerrados, para cumplir mejor la función de desgaste por molienda.
En respuesta, autoridades del INAH y la Comisión Nacional de Áreas Protegidas demandaron penalmente a los campesinos por el delito de despojo.
Grupo de fragmentos indeterminados. Como su nombre lo indica son fracciones parciales, poco precisas y confusas, que no afectan una forma regular geométrica definible, lo que no permite reconocer el eje longitudinal ni la sección transversal, por lo cual no se les puede asignar a ningún grupo establecido.
La Declaración de la ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, en su artº 11, señala que “los pueblos indígenas tienen derecho a practicar y revitalizar sus tradiciones”.
Piedra de moler. Son los utensilios que desempeñan la parte pasiva de molienda y que, junto con la mano como el elemento activo, forman una unidad integral. Estos implementos hacen posible la transformación de materiales comestibles o no, al ser machacados, triturados y molidos finamente, con el objeto de producir productos variados.
En contraste, veamos que la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arquelógicos, Artísticos e Históricos de 1972 establece el patrimonialismo de Estado sin consideración alguna a los pueblos originarios. Da cuenta de un pasado que no parece tener descendientes vivos, persistentes y resistentes, como han sido los pueblos indígenas.
Actualmente, en Quechula no solamente se reutilizan piedras de moler prehispánicas encontradas en los campos de cultivo, sino también se adaptan piedras naturales encontradas en los ríos cuando presentan características semejantes a las piedras de moler, adecuándolos como piedras de molienda
El artº 28 de la ley: “Son monumentos arqueológicos los bienes muebles e inmuebles, producto de culturas anteriores al establecimiento de la hispánica” –nótese establecimiento en lugar de invasión-.
Percutores. Esta categoría cuenta con nueve elementos. En la literatura arqueológica también se les conoce como martillo. En este caso es difícil elaborar una clasificación tipológica debido a que no fueron manufacturados deliberadamente, sino que se trata de piedras naturales que fueron seleccionadas por tener ciertos atributos: tamaño, peso y dureza.
Se ha dicho que sería una locura y un enorme riesgo dar intervención directa a esos pueblos, porque no tienen condiciones ni conocimientos técnicos e infraestructura para conservar los bienes patrimoniales.
Mayor abundancia de manos sobre las piedras de moler. A su vez, la falta de estas últimas se puede deber a que fueron reutilizadas en la construcción como relleno. Un dato de singular importancia lo da Maldonado (1984), refiriéndose a que en algunos lugares de Yucatán “las manos de moler se reutilizan para enterrarlas en lo que será su actual vivienda, con el objeto de darle a la casa un alma“. Por consiguiente, se debe considerar que no solo fueron puestos ahí como desecho, sino que es factible que estuvieran vinculados con la cosmovisión e ideología de los antiguos Mayas.
Pero jamás se ha planteado un proyecto específico para que los pueblos puedan acceder a la formación de sus cuadros de alto nivel.
Se puede decir que la colección de molienda de Chinkultic y sus derivados son de uso común, de naturaleza esencialmente utilitaria y cotidiana, propia de contextos domésticos de desecho.
El caso de Chinkultic amerita un enfoque más allá de la mesa de negociación donde el gobierno se lava las manos frente al resultado de la intervención policíaca y “generosamente” ofrece indemnizaciones.
Acerca de los recursos utilizados en Chinkultic se puede decir a nivel general que no son locales. La relevancia de esta muestra se remite a la mayor afluencia de tobas y basalto, lo que implica que debió existir alguna forma de transporte en donde se involucraron vías de intercambio y comercio. La presencia en el sitio de un alto porcentaje de rocas ígneas (específicamente tobas, basalto y andesita), indica la posibilidad de que fueron adquiridas en las inmediaciones con Guatemala.
El gobierno se ufana de que todo volvió a la “normalidad”: el INAH puede seguir administrando “las ruinas” como llaman a los que fueron lugares sagrados.
Finalmente, en Chinkultic se torna evidente el intercambio o comercio con mercados locales, interregionales y a larga distancia.
Ya es hora de que se defina si, tratándose de derechos indígenas, se abren espacios de justiciabilidad más allá de la criminalización.
Fuentes:
El material de molienda de Chinkultic, Chiapas. María Elena Ruiz Aguilar (en versalitas)
Chinkultic: patrimonialismo estatal, criminalización y negación de derechos indígenas. Magdalena Gómez. La Jornada, 08.octubre.2008 (en cursivas)
NB. Solamente un periódico español ha publicado como noticia la matanza de Chinkultic y ello con un retraso considerable. El día 10 de octubre, ese diario salió con 62.752 cms. cuadrados de texto (es decir, sin contar los márgenes). El suelto fue titulado “Chiapas. La policía mata a siete indígenas” y ocupó 27 cms. cuadrados, equivalente a un 0,04% de la extensión total del diario.
[Como nos ocurre con demasiada frecuencia, este poste no tiene motivos para ser ilustrado con foto alguna]
domingo 12 de octubre de 2008
¿La cartografía como compensación de la genética?
En marzo del 2007, la revista de la Smithsonian Institution publicó un reportaje, Rain Forest Rebel, en el que se narraba la superfragilística historia de cómo una ong gringa ayudaba a los indígenas amazónicos del pueblo Suruí a proteger su territorio mediante la confección de mapas. La empresa Google proporcionaba los elementos técnicos y la ong Amazon Conservation Team (http://www.amazonteam.org/ ) fungía de correa transmisora. Según el periodista de tan prestigiosa institución, todo era posible por la insistencia y la visión del cacique local, Almir Surui (de verdadero nombre, Naramayoga), único suruí que ha pasado por la universidad. En estos días, la sustanciosa anécdota acaba de ser reproducida por algún periódico español.
Muy bien está que los indígenas, amazónico u otros, cartografíen su territorio con ayuda de dios y del diablo y bueno es un retraso de año y medio en la publicación de sus hazañas cibernético-cartográficas a condición de que, gracias al tiempo transcurrido, se mejore el original. En vista de que la prensa española no lo hace, creo que es mi obligación añadir algún detalle.
Los Suruí son un buen ejemplo de cómo un pueblo indígena ha sido saqueado en el reciente pasado sin que la ignominia se recuerde poquísimo tiempo después. También pudieran ser ejemplo de cómo las redes gringas comienzan con científicos duros y, de haber problemas internacionales, continúan funcionando en la misma línea de tecnología punta pero la segunda vez vía humanitarismo y cooperación. Los Suruí empezaron siendo presa de la genética y ahora lo son de la cartografía electrónica sin que con esta hilación pretendamos hacer un paralelo moral entre ambas disciplinas ni tampoco en los efectos de sus diligencias en territorio suruí. Simplemente, queremos hacer memoria.
Veamos: en agosto de 1996, el Jornal do Brasil publicó en primera página que una empresa gringa estaba comercializando en Internet los genes de los pueblos amazónicos Suruí y de sus vecinos los Karitiana. A ese periódico le siguieron en tromba otros no menos conocidos, varias cadenas de televisión, revistas del montón, etc. Por lo tanto, el tema pasó a ser del conocimiento del más amplio público brasileño.
En ese mismo año de 1996, en especial los Karitiana pero también los Suruí pidieron a la Coordenaçao da Uniao das Naçoes e Povos Indígenas de Rondonia, Noroeste do Matto Grosso e Sul do Amazonas (CUNPIR), que entablara un pleito contra Kidd Lab (universidad de Yale; en aquél año, su página web era http://pandora.med.yale.edu/genetics/kkid/ ) para exigirles compensación por el saqueo de sus genes.
En 1998, el tema del tráfico de genes amerindios fue discutido en el Congreso de Brasil y los ejemplos los Suruí y sus vecinos adquirieron relevancia parlamentaria. Algunos congresistas mejor informados que sus colegas, descubrieron que la sangre de estos dos pueblos estaba en los almacenes de la universidad de Yale desde principios de los 1990’s. Es decir, desde antes que comenzara oficialmente el programa que, poco después, iba a servir de paraguas científico al desvalijamiento: el Human Genome Project –un megaproyecto de indudable utilidad pero que arrancó con una irresponsable despreocupación por los aspectos éticos-. Por lo tanto, el saqueo de los amazónicos se había cometido antes de lo que nadie imaginaba.
Pese a ello, por esos años el National Geographic, quien ya había comenzado en mayo de 1992 a maquillar la investigación genética utilizando el ansia de identidad como señuelo (ver su reportaje DNA Profiling: The New Science of Identity), insistiendo en su política de ocultar los desmanes de las empresas gringas, publicó otro artículo, obviamente no sobre el asalto genético sino, por el contrario, sobre las maravillas de la recolección de muestras genéticas. Secrets of the Gene, se publicó en octubre 1999 y, en su página 73, aparece una foto de un vial que contiene una muestra de sangre tomada a alguno de los 30 pueblos indígenas de la India que el reportaje reconoce se están estudiando –sobra decir que no aparece el pinchazo de la extracción sino el producto final-. Para compensar los posibles recelos de los indígenas de todo el mundo, dedica tres fotos en dos páginas (las 66 y 67) a destacar que, gracias a las exhumaciones de fosas comunes en las que se amontonan las víctimas del genocidio de los años 1980’s, la “justicia genética llega a Guatemala”.
En el año 2002, el médico brasileño Hilton Pereira da Silva fue acusado ante la justicia federal de Brasil de recolectar sin autorización muestras de sangre de los Suruí y de los Karitiana, un pueblo indígena muy cercano; al parecer, Pereira había llegado al territorio indígena con el pretexto de rodar un documental y, de paso, había extraído sangre a los amerindios para “diagnosticar enfermedades”. Pero, como hemos visto, eso había ocurrido no menos de seis años antes y, para cuando la justicia brasileña quiso echarle el guante, el médico cineasta había vendido su botín al Coriell Institute for Medical Research (Camden, NJ, EEUU; heredero de muchas de las muestras de su alma mater, la universidad de Yale) y había mudado su residencia a los EEUU -¿dónde si no?-.
En noviembre del 2004, en los medios indigenistas tuvo amplio eco la noticia de que Brasil había pedido la intervención de Interpol para frenar el vertiginoso crecimiento del tráfico de materiales genéticos provenientes de los pueblos indígenas. Los Suruí fueron citados como uno de los ejemplos más flagrantes de ese tráfico puesto que, en esos momentos, Coriell vendía por Internet productos celulares de los Suruí por un precio medio de US$ 85. Aprovechando la coyuntura, algunas organizaciones humanitarias pidieron que retirara de la Red sus ofertas de genes amerindios.
En marzo de 2007, el cacique Almir fue invitado especial a un seminario sobre Saúde e Bioantropologia do Povo Xavante que tuvo lugar en el departamento de Genética de la Universidad Federal do Rio Grande do Sul. En esa ocasión, los investigadores explicaron a los indígenas presentes que los blancos son genéticamente menos resistentes a las verminosis que los amerindios mientras que éstos son más débiles ante las bacterias y los virus que los caucásicos.
En la actualidad, Coriell ha cambiado por tercera vez el URL de su página web (en 1999, cuando comenzaron los escándalos, era http://arginine.umdnj.edu/ y, en el 2004, pasó a ser http://coriell.umndj.edu/ ) Ahora es www.ccr.coriell.org/ pero sigue vendiendo sangre de los pueblos indígenas de todo el mundo. Si acaso han tenido alguna suerte las peticiones de que retirar de su oferta comercial vía Internet las pruebas del latrocinio contra los Suruí, ha sido porque, en efecto, sigue manteniendo el link con los “Surui – Rondonia Province of Brazil” pero, pinchándolo, no aparecen las muestras surui –o, si todavía las oferta, lo hace obligando al cibernauta a revisar un catálogo con casi 30 especímenes de amerindios, una tarea que no hemos acometido-.
En todo caso, hoy mismo Coriell sigue vendiendo sangre de los Karitiana como puede comprobar todo aquel que entre en su página web y, desde la carátula, siga a “Sections/BrowseCatalog/” y, una vez allí, pinche en “Populations”. Allí encontrará que, por ejemplo en la columna Catalog ID, la casilla GM10965 descrita como “Amerindian Population” y proveniente de la colección Yale-Stanford, corresponde a una mujer Karitiana de 32 años cuya unidad de cultivo celular puede adquirir al mismo precio que hace cuatro años: US$ 85, tanto si es compra comercial como si es compra “académica y sin ánimo de lucro”. Por si el comprador no está seguro de la utilidad de su adquisición, en la misma página Coriell le ofrece para animarlo doce referencias de artículos médicos publicados entre 1994 y 2008.
Finalmente, hemos de constatar que los media de hoy han hecho caso omiso de los “antecedentes genéticos” de los Suruí: ni una palabra de Coriell ni de Pereira ni siquiera de las comparecencias ante el Congreso brasileño. Huelga añadir que, por su parte, el National Geographic (NG) se mantiene en sus trece manipuladoras, impertérrito ante las protestas que, desde hace más de una década, suscita la depredación genética. Visto que a los “cazadores de genes” (Luke Holland dixit) ya no les es tan fácil obtener su botín y recordando lo incordioso que resulta ir de puerta en puerta y de selva en selva pinchando al personal, el NG se ha inventado el proyecto Genographic que consiste básicamente en convencer a los portadores de genes para que envíen sus identidades sanguíneas y salivales a las oficinas de la revista. Imposible encontrar una cara más dura.
jueves 2 de octubre de 2008
Maldito panóptico
Fiel a nuestra costumbre de comentar la actualidad pero tarde –no vaya a ser que nos confundan con el perraje posmodelno-, el poste de hoy debería haberse colgado ayer o antesdeayer pues versará sobre los últimos días de septiembre y el primer día de octubre.
El primero de octubre de hace muchísimos años, fue el último día que salió al público Su Excrecencia el Padrino del actual rey de Ejpaña. El motivo oficial de su (rara) comparecencia ante las masas –y bien masas-, tuvo mucho que ver con su última carnicería: el reciente fusilamiento de cinco antifranquistas. El motivo real, además de sacar de paseo a su Ahijado, bien pegado a su incorruptible brazo, nunca lo sabremos. Sea como fuere, los dos salieron al balcón del palacio de Oriente –sito en Madrid y orientado, huelga añadirlo, al Oksidente-. El Caudillo vomitó su habitual espumarajo teórico contra la conspiración internacional antiespañola al mismo tiempo que se opuso físicamente a una ley de la gravitación universal que, semanas después, le arrastraría al fondo de la tierra. El futuro rey, aplaudió. La plebe, levitó.
En aquella coyuntura, el mundo mundial estaba escandalizado por los fusilamientos perpetrados tres días antes y eso que todavía no sabía algunos detalles. Por ejemplo, que los pelotones de verdugos estuvieron conformados por unos voluntarios a los que hubo que seleccionar entre los miles que se presentaron a concurso. Cumpliendo uno de esos pactos sólo imaginables en las salas de banderas, los pelotones de policías fusilaron a quienes habían atentado contra guardias civiles y viceversa. La unidad de lo que hoy se denominan “las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado”, se cimentó, una vez más, con más sangre. Todos los fusileros apuntaron a las caras de reos. No se permitió que las familias vieran los cadáveres, un detalle que no sabemos si se debió a un acto de piedad –muy raro sería- o, lo que es mucho más probable, de sadismo infinito. Por lo tanto, debieron pasar décadas hasta que los deudos de los últimos asesinados oficialmente por el franquismo –extraoficialmente hubo más-, pudieran estar seguros de que lloraban ante los restos de su estirpe.
Mientras la canalla madrileña se extasiaba ante el Caudillo y su egregia progenie política, en muchas ciudades ejpañolas los franquistas se manifestaban contra la inquina que les profesaba el resto del mundo y, pequeño detalle, exigiendo muchos, muchísimos más fusilamientos –y linchamientos, también-. Y aquí viene la anécdota que me contó un amigo de cuya memoria y ecuanimidad no tengo motivos para dudar.
Mi amigo era entonces –1º de octubre de 1975-, uno de los 70 presos políticos secuestrados en una cárcel de Andalucía y, según su versión, cuando más tranquilos –es un decir- estaban todos sus compañeros, comenzaron a oír una algarabía que se acercaba ominosamente a la puerta de la prisión. Instantes después, los gritos de las masas se entendieron con claridad: “¡Rojos!”, “¡viva Jesús Sacramentado y abajo la anti-España!”, “¡dejádnoslos a nosotros!”. La plebe jienense exigía que les permitieran entrar en la cárcel para hacer un escarmiento con los presos políticos.
Los bramidos del facherío arreciaron, algunas piedras cayeron en los patios de la cárcel y, desde los ventanucos de las celdas, los presos pudieron notar como la (supuestamente) impasible Guardia Civil que vigilaba desde las garitas, comenzaba a alborotarse. Eso por lo que veían los encerrados pero, afuera, la manifestación debía de estar consiguiendo alguna clase de privilegio o, de lo contrario, no se explica lo que pasó enseguida: el Jefe de Servicios, el funcionario de mayor nivel de recintos y rastrillos adentro, convocó de urgencia a cinco presos –entre ellos, mi amigo- y les confesó que “la cosa se está poniendo muy chunga. Si los manifestantes siguen así, acabarán convenciendo a los guardias de afuera y entrarán con las metralletas de los picoletos por delante. Yo no puedo hacer nada. Mi pistola está en la dirección. Lo único que puedo decirles es que tienen mi permiso para ir a la cocina y hacerse con todos los cuchillos que puedan”.
La comisión de presos le dió las gracias y le informó que se reunirían en asamblea plenaria con el resto de los presos y que le comunicarían la decisión adoptada. Por extraño que parezca, me cuenta mi amigo que la asamblea discurrió con cierto sosiego; buena parte de los presos que no tenían experiencia con armas, optó por “asaltar” la cocina, barricarse y “luchar hasta la última gota de sangre” mientras que una parte considerable de los presos que sí sabían lo que son las armas, optó por no hacer nada. Al final, prevaleció ésta última opinión.
Mi amigo resume en pocas palabras el argumento “pacifista”: “Sostuvimos que, dentro de un espacio como es el carcelario, no hay ningún rincón desde el que montar una emboscada. Como su mismo nombre indica, la arquitectura en panóptico permite ver todos los ambientes desde un punto central –en jerga taleguera, “el centro” a secas-. Si los picoletos hubieran entrado, la matanza estaba cantada de puro fácil. Ni siquiera uno de ellos hubiera resultado herido. Además, enfrentándoles de pie, serenamente, quizá hubiéramos podido frenar la excitación de los guardias; incluso algunos picoletos pueden dudar si la víctima les enseña su indefensión absoluta; quizá algunos hubieran vacilado ante una mirada clara, mansa… y a los ojos; es bien sabido que los verdugos no gustan de que les veas la cara. Y, definitivamente, les hubiéramos mirado así o asá, no teníamos verdadera opción. Y esto que quede claro: es muy probable que ninguno de nosotros, nadie ni nunca, les hubiera suplicado piedad”.
Huelga añadir que, después de desfogarse insultando a diestro y mucho más a siniestro, la plebe se desperdigó por los bares cercanos. Tanto a mi amigo como a un servidor de usté, nos gustaría saber cómo se materializó el comadreo post-manifa. A falta de informantes del otro lado, buena es la literatura clásica: delante de esos coñács brutales que sorbían los fachas, el jaquetón de taberna mira al mundo con la mano en la pistola, insulta a la madre de los rojos, enarca las cejas y, al final, “fuese y no hubo nada”.
Bueno, en este caso, sí hubo: hubo que todos esos asesinos, un amasijo de insaciables y de frustrados, se convirtieron meses después en “demócratas-de-toda-la-vida”. Hubo que el Jefe de Servicios fue ninguneado en su carrera. Hubo que nadie ha pedido perdón a ninguno de aquellos presos. Hubo –hay-, que ninguno ha hecho después carrera política. Hay que, con política o fuera de ella, algunos de ellos han descarrilado en sus vidas. Hay –ha habido hace pocos días- que, 33 años después, ningún medio de in-comunicación español ha dedicado una sola línea, una sola palabra, a los cinco últimos fusilados por los franquistas.
Fin de la narración.
[El transcriptor ha decidido que hoy están de más las habituales ilustraciones gráficas]







